lunes, 5 de agosto de 2013

El matapasiones

Sintió horror al ver la transparencia de la ventana, todo ese derroche de luz que dejaba pasar al cuarto. Mientras él colocaba los doscientos setenta pesos, equivalentes a ocho horas de placer sin interrupciones, sobre la cilíndrica y giratoria charola de metal, ella corría enérgicamente la opaca cortina que decapitaría por completo la luminosidad entrante. Ella pensó que con eso bastaría, pero tristemente se dio cuenta de la presencia de un amplio y extenso espejo sobre una de las paredes, que ineluctablemente reflejaba todo lo habido en la habitación, especialmente la enorme cama que al entrar la sorprendió. La atacó el pánico al percatarse del insolente espejo colocado de manera siniestra en el techo, se sintió perdida. Para esto, Arturo ya se había desvestido por completo, con una velocidad increíble y desproporcional para su vasta corpulencia, que tendía prodigiosamente a desparramarse por lo ancho. La nausea se desbordó por la boca de Rosalinda, al ver las amarillentas protuberancias agolpadas en la circundante espalda de su amado que, complaciente, observaba la graciosa danza que sus dedos, cuales mariposillas, ejecutaban alrededor de su escroto. 

Lo peor, contaría ella después, no fueron los filmes pornográficos que trasmitían sin parar por el televisor, sino el terror de tener que desnudarse, así, sin más, y descubrir que esa tarde, ella traía puesto su brasier más cómodo pero también el más viejito… el más desgastado… el más percudido… el de los hoyitos… el que compró en el tianguis por 40 pesos… el gris que alguna vez fue blanco… Y como le diría el mismo Arturo en ese momento “el mata-pasiones” en un sintagma de “te pasas pinche gorda, ése es mata-pasiones”. Rosalinda, dejando de lado la vergüenza, que ya la había hundido dos metros bajo tierra, dijo resueltamente: Aquí el único “mata-pasiones” eres tú pendejo. 

Sí, la primera vez en un motel es inolvidable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Porque no sabemos en qué momento, lo fantástico nos asalte.