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lunes, 24 de septiembre de 2018

Crónica camionera: Refugio

Me fui a trabajar ya con el estómago sensible, me duelen todas las articulaciones y hoy fue uno de eso días en los que mi tolerancia a los ruidos es casi nula. Comí el desayuno más horrible e insaboro de mi vida. Salí muy tarde de trabajar y tenía que ir a pagar los impuestos del mes. Pero el colmo, fue llegar al cajero y no ver los fondos que tenía previstos, vacío la  cuenta, pago los malditos impuestos e indago: me botaron un cheque que deposité la semana pasada y a ver cuándo me lo reponen, en el lapso de la indagación, el estómago me hace más estragos y en los bancos no hay baños para variar. Vencida, decido irme a casa antes de sufrir un accidente, pero mi casa queda muy lejos y hoy me pareció más lejana, y sí, maldije vivir ahí, porque cuando una está encabronada no repara en lo que piensa. También maldije a quienes no hacen bien su trabajo y los apuros en los que me meten, mi cuenta en ceros pero los pinches impuestos llenándole el bolsillo a alguien más, pago un carro y de qué me sirve tenerlo si me da pánico manejar, caminar y esperar (e s p e r a r) para tomar el camión y la revolución en mi estómago. Nunca pasó, decido tomar doble, me duele el cuerpo, la cabeza, para cuando bajo del primer camión ya estoy mareada, por fortuna viene el segundo y aparece él, todo amable, pulcro, correcto, dando las buenas tardes a pesar de mi cara de gorgona, se espera a que me siente, saluda a todos los pasajeros, los baja con amabilidad, a una señora con muchas bolsas de tianguis le dice que se siente, que él la baja cuando el camión esté completamente parado, que su mamá también anda en camión (pienso en mi madre hecha cenizas), su amabilidad me relaja, me anima un poco, estoy a salvo en ese camión Premier 710. Gracias.

Ojalá ustedes también se lo encuentren en su viajes.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Hipocresía (por favor, no interrumpan a los lectores).

5:04pm /De verdad, suelo ser muy social, me gusta platicar con las personas, yo soy de las que va platicando con los taxistas, con las señoras en el camión.
Vine a hacer un trámite y al llegar me dicen que hasta la 5:30 de la tarde me atenderán. Llegué a las 3:50 ¿Qué hago? Pensé por un momento en ir a la casa de mi prima Esther, pero desde el sábado mi rodilla es un problema y yo ando muy guapa de medio tacón, imposible caminar 10 cuadras de ida y de venida.

Pensé en ir a comer, tomarme un café aquí en la esquina, pero sorpresa, no cargué más dinero, según yo no iba a tardar tanto, fui a la tienda más cercana y compré una botella de agua y un paste de champiñones, todo por 21 pesos (insuperable), el gozo fue mayor porque el paste estaba delicioso. Así que me senté, me lo comí, lo disfruté, hablé por teléfono con mi herma, saqué mi libro en turno y me puse a leer en santa paz.

Poco después llegó un compañero del trabajo, alguien que de entrada no me cae bien, pero pues qué hago... Me saludó (milagro, en la escuela no lo hace) lo saludé, y como era de esperarse, se sentó a mi lado. Adiós a mi lectura, se puso a checar facebook y está viendo todos los videos con el sonido en alto, se ríe estrepitosamente, tose, me molesta.

5:24pm /Preferí cerrar mi libro y comenzar a escribir esto para evadirlo, en este lapso, me enseñó dos videos (chistosísimos según él), pero no me habla, no entabla una conversación.

5:28pm /Lo bueno es que ya casi son las 5:30.

Paola Sandoval

miércoles, 3 de agosto de 2016

Yoga

Hace dos días, soñé con unos pozos de agua cristalina en los cuales quería nadar pero yo no traía traje de baño y así no podía entrar; estaban en medio de un bosque y poco a poco llegaba gente a ese lugar tirando basura u obstruyendo el paso, eso me molestaba y decidía ir a ponerme el traje de baño. Entraba a un vestidor improvisado de cortina, cuando también entraba un sujeto con la intención de violarme. Él me amenazaba con la navaja de un cúter, yo salía con medio traje puesto a defenderme, recuerdo que me decía muchas cosas obscenas y trataba de enterrar la navaja en mi cuello. Yo lo sujetaba de los puños, era muy delgado y le decía que no tenía miedo, yo estaba convencida de lo que decía y sabía que era más fuerte que él. Desde hace dos días traigo un dolor en el cuello que no había conseguido aminorar.
Hoy recibí mi primer clase de yoga y me di cuenta de lo fuerte y resistente que se ha vuelto mi cuerpo. La maestra preguntó que si teníamos algún dolor y en dónde, yo le mencioné el mío y me dijo "hoy te sanas".
Sané, ya no siento la molestia en el cuello y tampoco quiero interpretar el sueño que tuve. Soy muy fuerte y eso es lo que importa.



 Paola Sandoval

Porque no sabemos en qué momento, lo fantástico nos asalte.