sábado, 23 de noviembre de 2013

Armonía

El camión venía hasta su puta madre, era de esperarse, es un 275 que cruza cuatro municipios de la zona metropolitana y en ese momento atravesaba el centro de Guadalajara. Solo que cualquiera que esté leyendo esto, se imaginará que era un día entre semana en una hora pico. No, era sábado por la tarde y aun así el camión iba hasta su puta madre. Yo traía mi chamarra de tres kilos en una mano y un tianguis por bolsa al hombro, además de un gripa inclemente, de ésas en la que no te para de escurrir la nariz. Iba parada y literalmente agarrada, por lo frenazos que daba el camión a cada momento. Muchos íbamos parados, apretujados, y a pesar de que hacía frío, también íbamos sudando; agradecí tener tapada la nariz en ese momento. Pero había algo en la sinergia de ese camión y de pronto lo vi, los asientos especiales, los amarillos, estaban vacíos, los estábamos respetando por mucho que fuera nuestro cansancio o largo el camino. Y así duraron un buen tramo, aún no se subía la persona que realmente lo necesitaba, nadie cortaba con la irónica armonía que se vivía en ese 275 Diagonal.

Pero en la parada del Santuario, se subió ella, era joven y atractiva, como suelen decir mis amigos (finos machos cabríos) tenía "buen lejos". Yo pude observar su molestia cuando se subió al camión, pero en cuestión de instantes le tornó la faz al ver los asientos amarillos desocupados. No vaciló y se sentó de inmediato en  uno de ellos, en el que da al pasillo. Pero al llegar a la calle de Hospital, la siguiente parada, se subieron dos señoras mayores, una de ellas vendada del brazo y con una pañoleta en la cabeza, la otra con bastón. Pensé que la del "buen lejos" se pararía para dejarles el asiento, pero la muy zafia ni se inmutó cuando la señora del brazo vendado le pidió permiso para sentarse en el asiento contiguo, ni siquiera se hizo a un ladito, no se movió, la señora de la pañoleta se sentó como pudo. La señora del bastón se quedó parada a un lado mío, una señora joven con bolsas de mandado se paró para dejarle el asiento. La señora del bastón le dijo que ella le cargaba sus bolsas. La señora joven dijo, "gracias madre, pero ésta (refiriéndose a la del "buen lejos") se tenía que haber parado, usted no cargue". Yo sin pensarlo dije "pero ella va en el lugar correcto" las señoras voltearon a verme con cara de enojo y añadí "que no ven que ni siquiera sabe leer, hay que disculparla, la pobre está discapacitada del cerebro". La del "buen lejos" que todo venía oyendo y además haciendo caras de reprobación, volteó de inmediato a verme. Yo traía el peor de los aspectos, la nariz enrojecida y le eché esa mirada de basilisco que me caracteriza, mientras pensaba -dime algo y te estornudo en este momento-. No me dijo nada, creo que la asusté. Las señoras celebraron mis palabras. La señora con las bolsas del mandado remató diciendo "lástima de carita". 

No sé si ya había llegado o si fue mucha la presión, el caso es que dos cuadras después la joven se bajó. La señora del bastón dijo "me voy con mi hermana" y todos los que íbamos parados nos apretujamos más pero le abrimos campo y paso para que lo hiciera sin complicaciones. La señora de las bolsas me dijo "siéntate mija" y se bajó en la Normal, dejándome su lugar.
El camión, seguía yendo hasta su puta madre, pero recobró la extraña armonía que le caracterizaba. Y hasta me dieron ganas de escribirlo.


Paola Sandoval

Porque no sabemos en qué momento, lo fantástico nos asalte.