Los interminables chipichipis de septiembre llegaban a Atotonilco, mi
pueblo, y con ellos también llegaban las fiestas en honor al santo patrono del
lugar, San Miguel Arcángel.
Así que previo a esto, el pueblo se convertía en un alborozo y relajo
bien hecho, todo comenzaba a prepararse: el pozole, los cuetes, la lotería, la banda,
los lazos de papel, el novenario, la túnica del santo... Me era imposible
safarme de todos esos argüendes, ya que mi madre, como buena católica, esataba muy
involucrada en eso, de tal modo que mi tarea consistía en levantarme muy
temprano e ir al templo por la madrugada nueve días antes de la mera fiesta, por aquello
del novenario, para cambiar el agua de las flores, acomodar las bancas y prenderles
fuego a las veladoras que los fieles le dejaban al santito.
Una de esas mañanas, cuando ya las flores tenían agua fresca y las
bancas estaban alineadas, acomodando la veladoras alrededor del arcángel, me
detuve a contemplarlo; era de esas imágenes viejísimas hechas aún a base de
pasta, a la cual se le cambiaba la vestimenta si se ensuciaba y se le ponía una
nueva el día de su santo. Además, contaban que lo habían encontrado tirado en un cerro, que a lo lejos
parecía un hombre muerto, pero al acercarse, comprobaron que se trataba de la escultura de una ángel
y al parecer de muchos años, tantos, que se creía que lo trajeron los españoles
cuando vinieron a México.
Pero a pesar de eso, su carita era perfecta, hermosa, con sus ojitos
azules muy claros y su nariz respingada, y en mis adentros pensaba ¿Y si fueras
hombre?.. Claro que esto jamás se lo dije a nadie, ni siquiera al padre Maclovio en
secreto de confesión, después de todo,
nadie tiene por qué saberlo, cuando de repente, voy viendo que los deditos del pie del santito se
movían y después la rodilla; pensé que sólo eran alucinaciones mías, además, estaba yo muy
desmañanada.
Al día siguiente, acabando mis queaceres, voltee a ver al santo patrono
y cual va siendo mi sorpresa y espanto, cuando éste me cierra uno de sus ojitos
azules; sin decir nada, salí corriendo despavorida del templo.Toda la noche
estuve pensando en lo ocurrido, llegué a la conclusión de que los estragos del
mal sueño me estaban volviendo loca.
No quería que amaneciera. Pero a la naturaleza no se le manda y al
primer canto del gallo me levanté, era inevitable. Antes de hacer
cualquier cosa, fui directamente al pilar que sostiene al patrono, me paré
frente a él y fijamente lo miré a los ojos... Nada, ni los movÍa, ni los
cerraba. Sentí una gran sensación de alivio,
pensé que eran figuraciones mías. Me recargué en el pilar para bostezar
profundamente pero en pleno bostezo, sentí en mi nuca un ligero salpicón, me
percaté de que un chorro de “agua” salía potentemente debajo de la túnica del
santo. Ante tremenda manifestación celestial y como buena católica, me desmayé.
Después de una buenas frotadas de alcohol en el pecho y dos pruebas de vinagre,
pude abrir los ojos: “pero como se te fue a ocurrir, dormirte y ni siquiera
haber cambiado los floreros hoy que es el mero día de la fiesta” me decía
furibunda mi madre. “No se enoje comadre, sosieguese, la chiquilla está
bien; ahora mejor que ella vista al santito, ya trajeron la túnica
nueva, y qué mejor que una muchacha casta en obra y pensamiento lo vista” dijo
apocalípticamente mi madrina. Salieron las dos de la sacristía,
dejandome con la implícita obligación de vestir al patrono del pueblo.
No tuve más opción que hacerlo, ya lo habían bajado del pilar y lo habían llevado hasta ahí. Cuidadosamente
desprendí las alas de la imagen, sin éstas ya no se veía tan majestuoso, sino
más bien mundano. Con la punta de los dedos le quité la túnica vieja y sucia
que algún día fue inmaculadamente blanca. Fui a tomar la gala nueva, era tinta
de razo fino con estrellas doradas, me entretuve viéndola cuando de pronto, sentí que dos
manos comprimían mi cintura, pasmada voltee de inmediato para ver de quién se
trataba. Me encontré frente a un hombre de ojos azules, facciones perfectas, con el cuerpo completamente desnudo y
sudado: - Tú pediste que fuera hombre -
y eso fue todo lo que dijo.
Hoy, simplemente puedo decir que he conocido la infinita gloria del
cielo y que con fe todo se puede realizar... Claro que esto jamás se lo dije a
nadie, después de todo, nadie tiene por qué saberlo.
2011.- Participación en una noche de narraciones eróticas, en el Centro Cultural
"La Chintola". Yo misma narrando El cielo se humanizó.
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