El camión venía hasta su puta madre, era de esperarse, es
un 275 que cruza cuatro municipios de la zona metropolitana y en ese momento
atravesaba el centro de Guadalajara. Solo que cualquiera que esté leyendo esto,
se imaginará que era un día entre semana en una hora pico. No, era sábado por
la tarde y aun así el camión iba hasta su puta madre. Yo traía mi chamarra de
tres kilos en una mano y un tianguis por bolsa al hombro, además de un gripa
inclemente, de ésas en la que no te para de escurrir la nariz. Iba parada y
literalmente agarrada, por lo frenazos que daba el camión a cada momento.
Muchos íbamos parados, apretujados, y a pesar de que hacía frío, también íbamos
sudando; agradecí tener tapada la nariz en ese momento. Pero había algo en la
sinergia de ese camión y de pronto lo vi, los asientos especiales, los
amarillos, estaban vacíos, los estábamos respetando por mucho que fuera nuestro
cansancio o largo el camino. Y así duraron un buen tramo, aún no se subía la
persona que realmente lo necesitaba, nadie cortaba con la irónica armonía que
se vivía en ese 275 Diagonal.
Pero en la parada del Santuario, se subió ella, era joven y
atractiva, como suelen decir mis amigos (finos machos cabríos) tenía "buen
lejos". Yo pude observar su molestia cuando se subió al camión, pero en
cuestión de instantes le tornó la faz al ver los asientos amarillos
desocupados. No vaciló y se sentó de inmediato en uno de ellos, en el que
da al pasillo. Pero al llegar a la calle de Hospital, la siguiente parada, se
subieron dos señoras mayores, una de ellas vendada del brazo y con una pañoleta
en la cabeza, la otra con bastón. Pensé que la del "buen lejos" se
pararía para dejarles el asiento, pero la muy zafia ni se inmutó cuando la
señora del brazo vendado le pidió permiso para sentarse en el asiento contiguo,
ni siquiera se hizo a un ladito, no se movió, la señora de la pañoleta se sentó
como pudo. La señora del bastón se quedó parada a un lado mío, una señora joven
con bolsas de mandado se paró para dejarle el asiento. La señora del bastón le
dijo que ella le cargaba sus bolsas. La señora joven dijo, "gracias madre,
pero ésta (refiriéndose a la del "buen lejos") se tenía que haber
parado, usted no cargue". Yo sin pensarlo dije "pero ella va en el
lugar correcto" las señoras voltearon a verme con cara de enojo y añadí "que
no ven que ni siquiera sabe leer, hay que disculparla, la pobre está
discapacitada del cerebro". La del "buen lejos" que todo venía
oyendo y además haciendo caras de reprobación, volteó de inmediato a verme. Yo
traía el peor de los aspectos, la nariz enrojecida y le eché esa mirada de
basilisco que me caracteriza, mientras pensaba -dime algo y te estornudo en
este momento-. No me dijo nada, creo que la asusté. Las señoras celebraron mis
palabras. La señora con las bolsas del mandado remató diciendo "lástima de
carita".
No sé si ya había llegado o si fue mucha la presión, el
caso es que dos cuadras después la joven se bajó. La señora del bastón dijo
"me voy con mi hermana" y todos los que íbamos parados nos
apretujamos más pero le abrimos campo y paso para que lo hiciera sin complicaciones.
La señora de las bolsas me dijo "siéntate mija" y se bajó en la
Normal, dejándome su lugar.
El camión, seguía yendo hasta su puta madre, pero recobró
la extraña armonía que le caracterizaba. Y hasta me dieron ganas de escribirlo.
Paola Sandoval
Como siempre Pao, una historia divertida, emocionante,te felicito guapa, que orgullo es conocerte :)
ResponderEliminarMuchas gracias Richard
Eliminarmuy buena ! y es verdad
ResponderEliminar¡Gracias!
EliminarSiempre pero siemptre eres una mujer de historias. Es un orgullo ser tu amiga. ¡Me encanto!
ResponderEliminar¡Gracias Gigy!
EliminarPao!! Me encanta leerte!! Que gusto haberte encontrado de nuevo, aunque sea solo por el cyberespacio :)
ResponderEliminarGracias Isabel, aquí seguimos a la orden, a mí también me da mucho gusto haberte encontrado ;)
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