Yo lo atraje y él a mí. Lo supe
desde que me vio, con calma, a su antojo, sin reparos. Subir a aquel camión de
escalinata tipo Gaudí fue complicado, nada glamuroso, él debió ver cómo me aferré a los tubos para no caer ¡qué vergüenza! Tuve que alejarme de él, de sus
ojos, de sus lindos ojos detrás de sus lentes que le daban un toque bohemio. La
tarde era rara, no sé cómo explicarlo, a pesar del exabrupto de mi subida al
camión, en él había calma y la luz que se filtraba por las ventanas impregnaba
todo como si fuera un filtro de instangram.
Cuadras más adelante se subió una
señora bajita que casi y se nos mata en la escalera de ascenso, ésa que le
hubiera gustado a cualquier surrealista por su “estética”, la pobre tropezó y
pegó en uno de los tubos. Él se paró de inmediato para ayudarle, la levantó y
le cedió su lugar. Todos los pasajeros vimos eso como algo loable,
estúpidamente pensé que de haberme caído él me hubiera ayudado y quizás… ¡No!
Él buscó un asiento qué ocupar,
había muchos disponibles, pero me volvió a encontrar y fue directo hacía mí, yo,
como siempre, cuándo no, abrí mi bolsa e hice como que buscaba algo para
evitarlo, él se sentó justo atrás de mí, yo sentía cómo respiraba, a qué olía y
esa maldita luz dorada que le daba a todo el margen perfecto para una
conversación, para un devaneo amoroso… ¡Dale, que no!
Pero sonó un celular, el suyo,
contestó: Bueno… bueno… papá, es que casi
no te escucho, está algo madreada la señal… sí, dime… … sí, fue mi mamá, pero
no se la quisieron dar, le pusieron muchas trabas… sí, ella está bien, regresó
desilusionada pero está bien… oye, ¿quieres ir a desayunar mañana..? A donde tú
digas, sí y platicamos mejor… sí, yo te aviso papá, no te preocupes papá…
mañana yo te llamo… gracias… sí papá… hasta mañana… te amo papá… Colgó.
Para mí fue hermoso escuchar ese
último “te amo papá” viniendo de un hombre, yo sabía que la tarde tenía algo
extraño, que ese camión estaba como sacado de un cuadro y que él era especial,
que de no haberme escondido en el fondo de mi bolsa quizás y hubiésemos hablado,
aunque sea para agradecerle por lo que hizo con la señora, para decirle que era
adorable, para…
Me paré, lo vi, él me sonrió, se
ajustó los lentes, sonrío como si lo fueran a fotografiar, timbré y me bajé.
Paola Sandoval
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