Ella hace mucho que dejó de ser él. Quiere que la llamemos Angie y corta el cabello de manera estupenda. Una soporta los jalones porque su fuerza sigue siendo la de un hombre, pero no importa, porque el cabello es algo que se tiene que domar y ella tiene el don con el mío, que es traicionero y voluble. Lo malo de ir a su estética (para mí, aunque suene egoísta) es que siempre, todos los días, tiene muchos clientes y claro, clientas también, pero son más los caballeros que frecuentan su local y una, se acostumbra a hacer fila entre ellos. Angie nunca dice que no, sólo que la esperes un poco, y en realidad es rápida haciendo su trabajo, además acertada, por ello vale la pena hacer "cola" mientras ojeas una Vogue y navegas entre el Ange ou demon de Givenchy y la última colección de bolsos Balenciaga.
Ayer no fue la excepción, tenía un corte, un depilado de cejas y cuando le pregunté que si tenía chance de despuntarme, me dijo que sí. Tomé la revista, comencé a leer, o mejor dicho, a ver y entonces me percaté que había un carro con el estéreo a todo volumen afuera, racargados sobre él dos muchachos, yo los vi de reojo e incluso me molesté, pues tenían música de norteño a todo volumen, tomaban cerveza en lata y platicaban a distancia con Angie, deduje que eran sus amigos pues entraban y salían a placer de la estética, se secreteaban con ella y volvían al carro.
Noté que repetían y repetían una canción, uno de ellos cantaba estrepitosamente, como si quisieran que lo escucharan:
Por pensar que tú volverías conmigo,
y saber que ahora tú ya tienes abrigo,
aquí se va muriendo mi alma
y va creciendo este vació en mí
que no lleno con nada.
Entonces dejé de perderme en las páginas de la Vogue y a concentrarme en la letra de la canción:
es tu amor el que no me deja vivir,
el que no puedo resistir,
pues muy adentro se quedó
como una luz que nunca se apagó
como la noche eterna, que nunca amaneció.
A pesar de la voz chillante del cantante, me pareció hermosa la letra y el que cantaba estrepitosamente hasta me sonó afinado. Fue cuando voltee a verle: no estaba tan joven como yo esperaba, se podría decir que era casi un hombre de mi edad, vestía bien, con su cerveza en la mano y sus ojos color avellana. Él sonrió cuando lo vi, pensé, esté es así con todas; Angie se reía desde adentro y le decía "qué cabrón eres, ya te dije que no" a lo que él contestó "no me importa, chicle y pega":
olvidar, cómo es posible olvidar,
la única vez que supe amar y ahoraolvidar, cómo es posible olvidar,
tengo que renunciar,
a lo más bello que jamás sentí,
pero ahora solo hiere y tú
ni te acuerdas de mí.
El tipo seguía cantando y sonriendo, se veía más animado. Angie me sorprendió al decirme que ya me tocaba, a pesar de que había más clientas adelante de mí. Me senté, le dije cómo quería mi corte y comenzamos a platicar. Me decía que había roto con su novio y yo le dije que lo bueno es que tenía muchos galanes en puerta, aludiendo a los que repetían y repetían la canción. Ella se río. Vi entonces que el sujeto entraba más a la estética hasta que de plano se sentó justo atrás de nosotras, en la silla del shampoo. Angie le decía "salte cabrón, me pones nerviosa" y él sólo se reía mientras le brillaban sus lindos ojos color avellana, sí, eran muy lindos y a mí me daba una pena terrible ir vestida de tenis y camisa, porque era cierto lo que Angie decía, nos ponía nerviosas, era intimidante. Me percaté de que el sujeto veía directamente al espejo, a mi reflejo mientras cantaba:
porque la vida no me dice nada,
porque tengo temor a las miradas,
aquí, se va muriendo mi alma
y va creciendo cada día más,
el cielo de mi esperanza…
porque la vida no me dice nada,
porque tengo temor a las miradas,
aquí, se va muriendo mi alma
y va creciendo cada día más,
el cielo de mi esperanza…
Angie terminó mi corte, el tipo se salió con su camarada. Le pagué, me despedí y ella reía también, le pregunté ¿qué pasa? ella sólo me dijo, “nada, cuídate de los lobos”. Salí perpleja del lugar sin entender. Ya en la calle, escuché “que te vaya muy bien, mi vida…”, me acalambré, sabía que esas palabras las decía el dueño de los ojos color avellana. No quise voltear, porque estaba casi segura que me petrificaría en estatua de sal; avancé unos pasos y alcancé a escuchar que Angie decía “ves, te dije que no te haría caso, ella está casada”. Apresuré el paso y entonces comprendí estas líneas:
como una luz que nunca se apagó,
Paola Sandoval
Muy divertido !!!
ResponderEliminarCae bien la chica Angie.