viernes, 7 de marzo de 2014

Vaticinio

Aún estaba oscuro, tomé el primer camión de la corrida. La penumbra del interior era cósmica, era aquello una galaxia contenida: sorprendente, varios de los pasajeros llevaban teléfonos celulares de pantallas luminosas, eran como enormes luciérnagas que viajaban rumbo al centro de la ciudad.
Por eso, es que nadie se percató de su rareza, noté que el dispositivo de aquella pasajera era el más luminoso de todos "seguramente trae una tablet" pensé. Al acercarme, lo supe, ella traía entre sus manos una bola de cristal. Lo triste es que todos iban absortos en sus aparatos, nadie se fijó en el milagro de la oportunidad. Quise ver más allá, vencí el miedo y fui hacia la pasajera del vaticinio. Ella volcó la negrura de sus ojos en mí para decirme: "hoy no será, porque ya llegaste".

Desperté y vi que estaba a una cuadra de mi destino, corrí para pedir la bajada. El día ya estaba clareando, la galaxia y las luciérnagas ahora estaban en la palma de mi mano izquierda.

Paola Sandoval

1 comentario:

Porque no sabemos en qué momento, lo fantástico nos asalte.