Que al subir al camión, te des cuenta de que el chofer es guapo hasta el
arrepentimiento, te quedes pasmada viéndole, y para disimular tu
paroxismo, preguntes tartamudeando si el camión va a tu colonia, como si
no lo supieses de sobra.
Y él sonríe, no por ti o contigo, sino de
saberse guapo, saberse actor principal de escenas como ésta una y otra
vez. Y tú, aprietas el paso hacia el asiento más lejano y una vez
sentada, él te llama para decirte que
olvidaste el cambio... y tu boleto. Caminas hacia él, medio viva, medio
muerta de vergüenza, tomas tu dinero y boleto, se rozan las manos, se
encuentran los ojos a través del retrovisor y es entonces, que ves que
uno de los botones de tu blusa se ha desabrochado, ve tú a saber desde
cuándo. Y él sonríe, como si hubiese ganado un Óscar, y tú... como si
hubieses sido nominada a la peor actriz de reparto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario