miércoles, 10 de septiembre de 2014

El terror de los pinos

Hace algunos años, cuando vivía con mis padres, para tomar el camión y salir a la avenida principal de Zapopan, era ineludible pasar por Los pinos, una calle con vecindades desangeladas e insertadas en la cabecera municipal. Mi papá siempre nos decía que le rodeáramos porque veía amenazada nuestra doncellez por las miradas y bisbeos de los mariguanos que habitaban ahí. Nunca le hicimos caso. No obstante, mis hermanos y yo crecimos escuchando la historia de mi padre: cuando él era muy joven, iba de regreso a la casa cuando en la cuadra de Los pinos una pandilla le obstruyó el pasó, el cabecilla le sacó una navaja, lo querían asaltar porque eso era lo mejor que sabían hacer en ese lugar, él cuenta que pensó "ya valí madres". Ante eso mi papá tuvo que pronunciar las palabras mágicas "pero carnal, yo soy del barrio, vivo aquí arriba". Lo dejaron ir, intacto, y en lo sucesivo, mi padre aprovecharía cada borrachera para platicar su aventura de incipiente valentía.
En Los pinos era común ver las peleas con piedras entre pandillas, a los tonchos de las vecindades, la venta de coca a plena luz, la pobreza de sus habitantes. Por eso mi papá insistía en que le rodeáramos. La situación se calmó un poco el día que mataron a un muchacho a quema ropa en la meritita esquina de Los pinos. Para colmo de mala suerte, eses día regresábamos a la casa cuando vimos las ambulancias y patrullas. Ya habían orillado y tapado al cadáver con una sábana, lo acribillaron y le contaron 42 orificios en el cuerpo. Para cuando llegamos, mi mamá descubrió una mancha coagulada en mi tenis. Me lo quitó de inmediato, hubiera preferido tirarlo, pero no nos podíamos dar ese lujo, no había para más. También al igual que mi padre, mi mamá contaría a sus amigas la anécdota de cómo una de sus hijas pisó por descuido el charco de sangre de un joven asesinado y la faena de quitar la mancha después.
Las calles del primer cuadro de Zapopan han sido remozadas infinidad de veces pero Los pinos no, ahí sus habitantes se siguen hacinando en vecindades cada día más ruinosas, alcoholizándose en la calle. Hace algunos años regresando a mi casa (justo en la esquina donde quedó el joven acribillado) un sujeto demasiado alto y flaco me obstruyó el paso. Pude darme cuenta que tenía la nariz desfigurada a golpes y los ojos desorbitados. Me llené de miedo y mis piernas de 16 años se debilitaron, él dijo algo incomprensible mientras yo pensaba "valí madres". Tuve que pronunciar las palabras mágicas de mi padre "carnal soy del barrio" (me sentí estúpida diciendo eso). Pero él, tambaleante me dijo "estás muy chula para andar por aquí, si quieres te acompaño", el pobre apenas si podía caminar de lo drogado que andaba y lejos de halagarme, le tuve pánico.
Posteriormente fue inevitable encontrármelo, él cuando estaba sobrio lavaba carros afuera del Hospital Civil de Zapopan, me chuleaba como era su costumbre y me decía que cuando tuviera un carro el me lo lavaría gratis. En una ocasión (ya más grandecita, iba a la facultad) me lo topé de frente, rodeado de una "bolita" de mariguanos, cual caballero andante les pidió que se callaran, le hicieron caso, yo apreté el paso queriendo a esas alturas pasar desapercibida, él sólo dijo "ahí viene la chula... adiós chula que Dios te bendiga" y ya a la distancia me volvió a recordar lo del carro y la lavada gratis.
Uno de esos días mi mamá llegó muy asustada a la casa contando que a la señora Maguito, una vecina, le habían quitado su monedero de un navajazo en Los pinos. La señora dijo que había sido el cholo grandote y flaco, el de la nariz torcida, supe de inmediato de quién hablaba; aunque desconocíamos su nombre la gente de mi cuadra lo bautizó como "El terror de los pinos". Después nos enteramos de que ese cholo era padre de dos niñitas y que además tenía esposa, vivían en un cuarto de las vecindades, pero aun así, eso no mermaba su "galanura" hacia conmigo. Poco tiempo más tarde ya no lo vimos, pensamos que lo habían matado, o en el mejor de los casos encerrado en la cárcel.
Pasaron los años, me cambié de casa y aún seguía tomando el camión. Recientemente fui a casa de mis padres, tuve que pasar por Los pinos. Ya casi terminaba la calle cuando al doblar la esquina me topé con él. Estaba igual de flaco, con la nariz más desfigurada y el cuerpo encorbado. Detuve mi paso (no sé por qué) y él olío mi miedo, yo pensé "ya valí madres" y apreté mi monedero con la mano. Pero él me sorprendió al decirme después de 14 años (y kilos) "hola chula, tenía mucho que no te veía, estás más chula así" yo apenas iba a decir algo cuando una jovencita desde la acera de enfrente le gritó "apá, camínele". Antes de cruzar la calle me dijo "adiós chula, que Dios me la bendiga y cuando tengas un carro ya sabes, para ti gratis".

Llegué a casa de mis padres prometiéndome no contarle nada a mi papá, casi era seguro que me dijera: hija, no pases por ahí, rodéale.

Paola Sandoval

9 comentarios:

  1. Saludos, muy buen relato de el horror cotidiano vecinal, de como se empieza (el que ya pinta pa´delincuente)con pequeños robos en tiendas de convenencia , robos hormiga a la familía, robo de baterias, asalto a transeuntes, asaltos a tiendas y farmacias, entran a centros de rehabilitación, correccioneles y por fin la universidad del crimen; La penal, de donde salen orgullosos diciendo: "Ya soy sicario". Mac

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es Mac, los años pasan y el problema persiste, gracias a que publiqué esta crónica, uno de mis vecinos me dijo que al sujeto en cuestión (mi enamorado) le dice "el Cane" y que aún sigue en las andadas. Gracias por leerme Mac, van muchos saludos.

      Eliminar
  2. María Tránsito Campechano11 de septiembre de 2014 a las 0:56

    Ahí tienes tu fiel Quijote. Así como no hay enemigo pequeño, igual pasa con los admiradores. Me gusta mucho leerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enemigo, admirador, un aliado...
      Su poder chiquito.

      Eliminar
    2. Así es mis queridas amigas, durante mucho tiempo le tuve miedo al "Cane", después supe que era mejor tenerle como aliado al pasar por Los pinos. Gracias por el favor de leerme y gracias Lolita por esta nueva oportunidad de publicarme. Le mando un abrazo grande.

      Eliminar
  3. Me encanta leer tus crónicas de calle, son crónicas de vida.

    ResponderEliminar
  4. Me encanta leer tus crónicas de calle, son crónicas de vida.

    ResponderEliminar

Porque no sabemos en qué momento, lo fantástico nos asalte.