Fue raro, a pesar del embotellamiento, calor canicular y mi pago con transvale, el chofer me sonrió y me dijo "buenas tardes". Seguramente notó mi cara de asombro y casi ni le contesto, sin embargo le devolví el saludo con sonrisa incluida. El semáforo de la avenida no servía y todos los carros y camiones bajaban por una sola calle porque la paralela estaba "en obra". En verdad era admirable, todo el pasajero que se subía al camión era saludado amablemente por el chofer, algunos (como yo) se sacaban de onda, otros ni caso le hacían. Entonces él tuvo toda mi atención: era un señor chaparrito, escuálido, de facciones finas y rizada melena. Sin embargo, el encanto lo tenía en sus ojos, claros y determinantes, le daban carácter a su complexión. También era cafre o quizás la situación así lo ameritaba, pues manejaba a la defensiva en ese caos, no obstante, levantaba a los pasajeros y los atendía con cordialidad. -Uno entre cien- pensé.
Cerca de avenida Revolución se subió él. Volteé a verlo porque escuché que contestaba el "buenas tardes" del chofer con la misma amabilidad rematando con un "gracias hermano". Fue su tono, porque otras mujeres también volteraon para ver a quién le pertenecía ese vocerrón ronco y viril. Y sí, concordaban, él era alto, moreno claro de ojos negros, fuerte (por no decir mamado, tronado) de cuello grueso, barba de candado y vestir casual. Le adornaba una sonrisa coqueta, con dientes parejitos y hoyuelos en cada comisura. Repito, yo no era la única boba. Primero nos encantó con su voz y después con su imagen, pues vi que todas lo veíamos, tanto, que sintió el peso de nuestras miradas y se fue a acomodar a la parte trasera del camión.
Llegamos al centro de la ciudad y el camión se desocupó un poco, no tuve opción más que recorrerme hacia atrás, quedé a un lado de él -es la Providencia- pensé. Entonces, percibí su aroma -¡mmmmmmh!- y me enamoré de sus zapatos perfectamente lustrados. Me empezaron a sudar las manos, comencé a imaginar que él me sacaba plática -ilusa- y mientras pensaba en mis hipotéticas y seductoras respuestas, un olor a tonsol me sacó de la fantasía. Eran dos chavos que acababan de subirse al camión y que para colmo también se acomodaron en la parte trasera (obvio, para no ser vistos con su "mona"). No rebasaban los veinte años, vestían holgadamente, con el rostro desencajado, enjuto y los ojos perdidos. En instantes el camión se impregnó del olor a tonsol, se hizo insoportable el camino.
Cuatro cuadras después el camión se detuvo, el chofer -lo había olvidado- se paró y fue directamente hacia los chavos. "Hey, si se van a tonchar, aquí no, mejor bájense". Por supuesto, el chofer era la autoridad inmediata y estaba en su derecho de pedir eso. Sin embargo, los tonchos se burlaron de él, le dijeron "pinche enano, qué nos haces" y se rieron. El chofer se enojó y les gritó que se bajaran, uno de los tonchos se paró diciéndole "¿qué, puto?" notablemente, el chofer llevaba las de perder en cuanto a la estatura. Yo sinceramente me asusté, me seguían sudando las manos. Todos los pasajeros nos quedamos "de a seis" cuando él, el hombre de mis fantasías, se paró entre el chofer y el toncho, y dijo con aquel vocerrón "¡Como van, bájense cabrones o los bajo!". Sentí que sus palabras me aturdieron. Los tonchos lo obedecieron con fastidio. Ya abajo, le hacían señas obscenas al camión (supongo que a los que íbamos arriba de él). Una señora ya mayor terminó diciendo "qué bueno, por mariguanos".
El chofer le agradeció al hombre de la barba de candado, él contestó con una voz más mesurada "en lo que te pueda ayudar, hermano". El chofer reanudó la marcha del camión, en ese momento él me volteó a ver, no sé cuál era mi expresión que me dijo "no te asustes chica, ya pasó". Volví a poner cara de asombro (o de mensa, que es lo más seguro) y también me quedé a poco de no responderle -¡me está hablando!- pensé, "Sí" dije -¿Sí? ¿Eso es todo lo que vas a decir? ¿En dónde están tus respuestas inteligentes y seductoras?- y agregué "jamás me había tocado un chofer así de amable como para que estos jayanes le falten el respeto", él asintió con su sonrisa de hoyuelos, el sudor de mis manos era incontrolable.
Una cuadra después se volvió hacia mí y dijo "que te vaya bien"; timbró, el chofer volteó por el retrovisor y le dijo "!gracias carnal¡". Todos los que íbamos en el camión volteamos a ver cómo bajaba, y cursimente pensé: allí va mi héroe, el hombre de mis fantasías-.
Paola Sandoval
Y lo dejaste ir así de fácil? eso no se hace mija!
ResponderEliminarIrresistible... un caballero logra seducir hasta a otro varon...
ResponderEliminarIrresistible... un caballero logra seducir hasta a otro varon...
ResponderEliminarAy maestra! y el agarron de pompi? jaja ya pues,
ResponderEliminarWOOOWW
ResponderEliminarO:
ResponderEliminar